No venía de su mejor temporada. Su edad, acompañada de sus continuas lesiones en esta última etapa, no dejaban claro su rendimiento.
Eso sí, la prensa no dudo en adherirlo al tridente formado por Ronadinho, Etoo y Messi, y crear el termino de los "4 Fantásticos".
No duro ni dos telediarios esta brillante idea. El Barcelona, en su peor temporada en tiempo, tanto en el campo como fuera de él, no fue el mejor escenario para el francés, que además se vio abocado a una situación táctica diferente a la habitual en el dibujo del conjunto que por entonces dirijía Frank Rijkaard.
Dicho esto, no todo fue culpa del entorno o del equipo. El francés en casi ningun momento se mostró en forma (aquella explosividad del pasado parecía haber desaparecido) y sus actuaciones rozaron la mediocridad en muchas ocasiones, disminuyendo progresivamente la ilusión creada.
Solo algunas pequeñas pinceladas de su calidad, como en Celtic Park o en Mestalla (copa), y un engorde final de su número de goles frente a rivales de la clase baja de la liga, maquillaron en parte su mala temporada.

Pero esto forma parte del pasado y ya se ve bien lejos, cuando vemos al actual Thierry Henry inclinar el campo hacia la portería rival con su calidad, explosividad y frescura. Y es que Henry es uno de esos jugadores en los cuales se nota notablemente cuando está bien y cuando está mal.
Donde antes veíamos la incapacidad de desborde, la lentitud, y la ofuscación de ideas cuando el balón llegaba al extremo izquierdo, ahora tenemos el dinamismo, la entrega, la calidad, el buen futbolista.
Se ha adaptado a la posición de extremo con brillantez, y está haciendo una temporada realmente magnífica, y sí, su equipo también ha ayudado muchísimo a ello, como no lo hacía el año pasado.
17 goles y un buen número de asistencias. Solo Iniesta puede superar su estado de forma actual.
Thierry Henry ha resucitado.

Un saludo, Pablo.
